El Bosque Tallado (Segundo Encuentro - 13 al 21 de noviembre de 1999)

Diario del encuentro
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Este segundo encuentro contó con la paciencia, el esfuerzo y el entusiasmo de artistas locales y regionales que, durante una semana, ascendieron todos los días hasta el cerro para concretar las obras que ya son patrimonio de la localidad de El Bolsón. Rafael Roca (de Roca), Eduardo Palací (Neuquén), Carlos Chanourdie (Esquel), José González Gracia "Joscia" (Bariloche), Enrique Aros (Bariloche) y Nadia Guthmann (Bariloche), junto a los locales Hugo Vázquez, Juan Carlos Toledo, Claudio Bruni, Juan Carlos Gómez, Eduardo Iuso, Marcelo López y Martín La Bella, son los responsables de esta edición.

Las obras están ubicadas equidistantes entre sí, conformando un caprichoso mapa artístico que arranca arte de las entrañas de los árboles. Todas ellas, las actuales y las del año pasado, se entrelazan en un sendero rodeado por la flora autóctona que justifica el esfuerzo de la caminata.

Llegar al lugar no es fácil. Hay que ir en automóvil hasta la plataforma del cerro, a 1.200, y desde allí, una fatigosa caminata aguarda al visitante. Una hora de lento ascenso por un polvoriento camino, bien señalizado, podría desalentar a cualquiera, pero "el esfuerzo valió la pena, ¡esto es maravilloso!" según señaló Carina, una joven turista que "Río Negro" encontró en la ruta de descenso. Estaba la opción de subir a caballo, pero la mayoría confió en sus piernas.

El camino sinuoso llega a su fin. De pronto el caminante se encuentra con un puma en actitud amenazante, que parece cobrar vida desde la madera. Es la obra de Eduardo Iuso que está flanqueada por "Instintos" de Nadia Guthman y "Los Equilibristas" de Claudio Bruni. Más allá formas de ángeles y mujeres embarazadas completan la imagen.

El encuentro duró una semana, que principalmente estuvo signada por la solidaridad entre los artistas y la mancomunión que lograron entre ellos. Así lo destacó el neuquino Eduardo Palací, quien señaló "para mí es todo nuevo. Nunca tallé a esta altura, no soy muy ducho para andar a caballo. La convivencia general fue bárbara y eso es lo destacable".

El final fue un brindis a 1.400 metros de altura para celebrar que las manos lograran dar nueva vida al bosque de lengas. Cada artista dejó su obra con el convencimiento de que "un pedacito de cada uno de nosotros se queda aquí, en El Bolsón".

Detrás quedaron las caminatas o los intentos de emular a jinetes de altura; las largas charlas a la hora del almuerzo en el cerro o la noche mágica que se vivió el viernes último, cuando un "contador de historias" profesional, se valió de las estrellas para dar marco a sus relatos.

1er encuentro (1998)